lunes, 11 de mayo de 2015

THE PROWLER (1981)


 
Creo que ya es más que evidente mi pasión por los slashers ochenteros y, a pesar de que muchos de ellos son copias casi idénticas de las dos grandes precursoras de este género: Halloween (1979) y Viernes 13 (1980), me gusta mucho ver cómo cada película intenta introducir novedades a su manera: Asesinos que ocultan sus rostros con disfraces o máscaras de lo más variopintas, armas fetiche cada vez más peculiares con las que prefieren cometer sus asesinatos y las más rocambolescas causas de agravio o trauma que les empujan a convertirse en homicidas.

Año 1945, los soldados que lucharon en la Segunda Guerra Mundial están regresando a casa y uno de ellos recibe la carta de su novia Rosemary en la que ésta acaba con la relación. Al poco tiempo, ella y su nuevo novio mueren asesinados de manera brutal durante su baile de fin de curso. Treinta y cinco años después vuelve a celebrarse en la localidad de Avalon Bay un nuevo baile de graduación, pero alguien acudirá para recordarles que nunca deberían haber vuelto a celebrarlo.

Dirigida por Josep Zito, al que yo no conocía y que leyendo su biografía me he enterado no sólo de que fue el director de Viernes 13. 4º parte: Último capítulo (1984), sino que consiguió ese trabajo gracias a esta película. Resulta que en ese momento los derechos sobre la franquicia de Viernes 13 estaban en posesión del productor Sean Cunningham y varios dueños de cines de Boston. Uno de ellos vio The Prowler (1981) y le dijo a Zito que, aunque su película era muy buena, no iba a triunfar porque en el título no aparecía el prestigioso título de Viernes 13. Sin embargo, le comentó que si volvían a hacer otra película sobre la saga quería contar con él como director, y así fue.

La verdad es que The Prowler es el típico slasher en el que desconocemos la identidad del asesino, bueno, más bien lo que desconocemos es su identidad actual porque creo que desde el primer momento todos nos hacemos una idea de quién es. En este sentido no aporta nada nuevo: asesino que mata a los jovencitos del baile uno tras otro, mucha carne al aire y parejita de policía/final girl encargada de averiguar la identidad del asesino y conseguir detenerlo.

Me hizo mucha gracia el atuendo que eligieron para este asesino que, por cierto, recuerda mucho en sus movimientos pausados a Michael Myers, con un uniforme de soldado de la segunda Guerra Mundial, con la cara tapada de una manera que no sé cómo podía respirar y armado con un horca, de estas que se usan para recoger paja y que no entiendo qué relación tiene con el resto de su indumentaria. ¿Se os ocurre a vosotros?

La protagonista no podía ser otra que la modosita Pam McDonald, interpretada por la desconocida Vicky Dawson. Era de suponer que se iba convertir en la final girl por ser más recatada y casta que sus amigas, ya que todos sabemos que una de las reglas básicas de las películas de terror es que aquéllos que practican sexo son los primeros en morir. La verdad es que me gustó bastante el personaje de Pam porque lucha y corre y nunca se da por vencida, aunque cae en unos de los tópicos de este tipo de películas y es que le cuesta una barbaridad abrir una puerta que está cerrada por dentro, jejeje.

Sin duda lo mejor de la película son los asesinatos tan violentos y brutales que sufren las víctimas de este homicida. La muerte más sorprendente es la última, para la que hizo falta hacer un molde de la cabeza del actor que, dado que era claustrofóbico, lo pasó realmente mal. Me llamaron tanto la atención los efectos especiales de la película y la forma en la que estaban grabadas las secuencias de los asesinatos mediante primeros planos, que tuve que parar la cinta para ver quién era el técnico responsable. Por supuesto se trataba del famoso Tom Savini, conocido por Viernes 13 (1980) y The Burning (1981). De hecho, creo que son estos efectos especiales tan buenos, los que le dan algo de prestigio a una película que de otra manera hubiese resultado anodina. Sin ellos hubiese sido imposible rodar esos primeros planos que nos demuestran lo que se puede conseguir con estos efectos y un maquillaje con un poco de imaginación y destreza, sin necesidad de recurrir a animación por ordenador. Si a nosotros, en pleno siglo XXI, nos parecen buenos, imaginaos en los 80. Hay una anécdota muy curiosa relacionada con esto en la que Joseph Zito le dijo a uno de los vigilantes de uno de los cines en los que se proyectaba la película que él era el director, y éste le respondió: “¿Realmente mataste a estas personas?”, jajajajaa.

Algo que me pasó con The Prowler ,y que hacía mucho que no me pasaba, es que me suscitó casi más preguntas que respuestas. Por ejemplo, entiendo que como todo sucede en el mismo pueblo todo el mundo debería de saber quién era el novio de Rosemary y, cuando ésta es asesinada junto a su nuevo novio, ¿nunca se le consideró como culpable? A no ser que fuese una relación secreta, pero esto no queda claro. Tampoco entiendo muy bien por qué esperaron tanto para celebrar un nuevo Baile de fin de curso, supongo que por respecto a las familias de los fallecidos, pero ¿treinta y cinco años? Me parece una barbaridad. Y bueno, ya lo que me dejó con la boca abierta fue cuando, al final de la película, Pam encuentra el cadáver de uno de sus amigos que llevaba muerto toda la noche y éste abre los ojos y se mueve al más puro estilo Walking Dead. No fui capaz de encontrarle el sentido, jejeje.

Para mi gusto The Prowler es un slasher flojo que no aporta nada nuevo al género, pero que sin duda os recomendaría que vierais para disfrutar de los buenísimos efectos especiales de Savini. Se dice que son los mejores de su carrera. Yo no sé si diría tanto, pero sin duda son una gozada para todo amante del cine de terror.
 


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