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martes, 26 de febrero de 2019

THE PRODIGY (2019)


Este 2019 tengo como propósito ir todos los viernes al cine, tras salir del trabajo porque es de las pocas horas a la que todavía se puede ir a una sala sin que tu odio hacia la humanidad se dispare de manera incontrolada. Además, es un hábito que me va a venir genial para un proyecto que tengo en marcha y que pronto verá la luz. No hace falta aclarar que la mayoría de estas cintas serán de terror, por lo que el blog este año le dará más importancia a los estrenos de género que consigan llegar a nuestras pantallas.

Como buena cumplidora de este propósito tan complicado para un cinéfilo, hace un par de semanas pude ver The Prodigy, la nueva película con niño mortífero dirigida por Nicholas McCathy. Esta película supone la tercera incursión en el cine de género para el cineasta norteamericano que ya ha cosechado muy buenas críticas en sus trabajos anteriores: The Pact (2012), que vi el mismo día cuando llegue a casa, gracias a la recomendación de Aullidos y At the Devil's door (2014)

The Prodigy nos presenta a un joven matrimonio que tras mucho buscarlo, han conseguido tener a su primer hijo. Con el paso de los años, Miles empieza a mostrar un comportamiento extraño y retraído que hace que sus padres se preocupen y quieran llevarle a los mejores especialistas, aunque no siempre sean los procedimientos más ortodoxos.  

El género de niños mortíferos ya ha sido más que explotado en clásicos como Village of Damned (1960)The Omen (1976) o Children of the Corn (1984) y más recientemente es las muy recomendables: The Children (2008) o Orphan (2009). Lo cierto es que The Prodigy no nos descubre nada nuevo y repite clichés mil veces vistos. A mi que no se me da especialmente bien reconocer las influencias que tiene una cinta, no me costó mucho reconocer que el guión de esta película tiene claras referencias a Child's Play (1988) o la anteriormente mencionada The Omen (1979). Eso por no hablar del homenaje que se hace a una de las escenas más impactante de la reciente A Quiet Place (2018).



No deja de sorprenderme la campaña publicitaria que utilizó Orion Pictures para promocionar esta película, en la que se apuntaba que varias de las escenas habían tenido que ser reeditadas por ser demasiado terroríficas. En primer lugar, estamos ante una película de género por lo que se supone que lo que tiene que provocar es terror, ¿no os parece? En segundo lugar, si me estás diciendo que lo que voy a ver es una versión light o políticamente correcta de la terrorífica original, ¿qué manera es ésta de atraer al público para ver tu película? ¿Nos os da la sensación que tiran por tierra la película incluso antes de que la veamos? La verdad es que la estrategia de Orion Pictures por volver a ser la productora de prestigio que fue durante los 80 y 90, con títulos como: Terminator (1984), Robocop (1987) o la gran The Silence of the Lambs (1991), no deja de ser un tanto enigmática. 

Independientemente de que la publicidad de la película sea su peor enemigo, The Prodigy es una cinta interesante, si prestamos atención al mensaje que subyace bajo la típica trama de niño mortífero. Miles es un niño muy deseado y por lo tanto muy consentido, especialmente por su madre, cuya vida gira alrededor de su retoño. No puede tener una cita romántica con su marido sin hablar del niño o cuando la psicóloga le insinúa que el comportamiento de Miles puede deberse a los malos tratos, ésta no duda en desconfiar del padre, lo que acaba provocando su abandone del hogar. De una manera extrema, el problema que nos plantea The Prodigy es la educación del siglo XXI: niños que son criados entre algodones, al los que se les conceden todo tipo de caprichos y se creen auténticos reyes de su casa, del tipo déspota. El conflicto llega cuando no se hace lo que ellos quieren porque los enfados pueden ser épicos y terminan provocando que los progenitores hagan lo que sea para cumplir sus deseos, incluso matar, si te sale el niño psicópata.

Me gustaría destacar la actuación de joven actor protagonista, Jackson Robert Scott, al que todos recordaréis por su papel de Georgie Denbrough y su chubasquero amarillo en IT (2017). Los cambios de registro que hace en su interpretación para pasar de niño totalmente adorable, a pequeño demonio inquietante, me recordaron mucho a la fabulosa actuación de Isabele Fuhrman en The Orphan. Interpretando a esta madre sufridora tenemos a Taylor Schilling, la popular protagonista de Orange is the new black (2013- presente), que está bastante solvente en su papel. Algunas de las decisiones que toma su personaje para curar a su hijo de este mal que le está poseyendo, me parecieron un tanto extremas y más propias de una mente perturbada, que de una madre protectora y cegada por el amor hacia su hijo.

Los puntos flojos que le veo yo a The Prodigy es que la historia está plateada a modo de thriller por averiguar qué o quien está haciendo que Miles se porte mal y me parece que esto se desvela demasiado pronto, restándole efectividad al conjunto. Lo único que nos falta por saber es cuándo ese ser va a manifestarse con toda su virulencia, pero llegado el momento, tampoco es lo suficientemente impactante como para dejarnos el culo torcido. Por otro lado, no me gustó lo poco desarrollado que estaba el padre de la criatura, una persona con una infancia complicada que cuando su hijo empieza a manifestar su turbiedad, asume que éste está enfermo y vuelca sobre su mujer toda la responsabilidad de hallar una cura. Me hubiese parecido bien que fuera un padre ausente que no sabe como asumir el problema, pero que vuelva a parecer al final de la película, cuando apenas sabemos nada de él, me resultó molesto y cada vez que aparecía en pantalla perdía el interés en la historia.

En definitiva, The Prodigy es una película de niño mortífero con una vuelta de tuerca diferente y con un mensaje subyacente interesante, pero que repite muchos de los patrones mil veces vistos en las películas de terror y jumps scares de manual. Considero que es una cinta entretenida, con un niño de lo más inquietante, pero sinceramente creo que no permanecerá mucho tiempo en nuestras memorias.