miércoles, 24 de febrero de 2021

WIHM: ALWAYS SHINE (2016)


Tengo que reconocer que tenía mucha curiosidad por ver Always Shine, descubrir a su directora Sophia Takal, que el año pasado recibió unas críticas feroces por su trabajo en según se dijo, una versión de feminismo barato en el remake de Black Christmas (2019). Lo cierto es que todas estas malas opiniones, me alejaron de ver la película, cuando además no soy muy entusiasta de los remakes que a mi parecer son innecesarios. No obstante, si en algo ha contribuido mi visionado de Always Shine es en mi interés por el resto de la filmografia de Takal, sobretodo ha despertado mi curiosidad su opera prima Green (2011), de la que he leído que puede considerarse como una precuela no confesa de esta película. 

No olvidemos que el remake de Black Christmas corría a cargo de la Blumhouse y que está fue la primera película de la compañía dirigida por una mujer, tras la fuertes críticas que recibió su presidente, Jason Blum, al afirmar que en sus más de 100 producciones no había habido ninguna mujer al frente porque había pocas directoras interesadas en hacer cine de terror. Se ve que este buen hombre tan experto en el cine de género para según que cosas, no había oído hablar de: Jennifer Kent, Karyn Kusama, Anna Biller, Julia Ducornau, Lucile Hadzihalilovic, Ana Lily Amirpour o Claire Denis, por nombrar sólo a las más conocidas. De ahí que sean tan importantes iniciativas como la del WIHM que no deberían limitarse a un solo mes en el calendario porque el cine de terror dirigido por mujeres merece que se reconozca su valor porque está lejos de tener la visibilidad y la representación que le corresponde.

Después de esta disertación filosófica, volvemos a Always Shine y su directora porque hay muchas cosas que decir. Sophia Takal estaría dentro de esa ola de cineastas independientes englobados bajo la etiqueta de post-mumblecore. Un movimiento caracterizado por presupuestos muy ajustados, gran naturalismo tanto en interpretaciones y diálogos, como temáticas cercanas a los dramas psicológicos y comedias negras que se produjeron a partir del 2010. De ahí lo de post porque el mumblecore propiamente dicho, iría del 2002 al 2010. Takal compaginaba sus trabajos como actriz con sus proyectos tras las cámaras, hasta que fue fichada por Jason Blum tanto para el remake que os comentaba, como para uno de los capítulos de la serie antológica Into de Dark, New Year, New You (2018). Aunque a priori esto iba a suponer un salto cualitativo en su carrera, parece que las criticas tan hirientes que han recibido sus últimos proyectos pueden truncar este ascenso. Esperemos que esto no sea así porque esta directora tiene todavía muchas cosas que decir que ya se empezaban a atisbar en sus proyectos más personales e independientes.

Always Shine es un thriller psicológico en el que dos antiguas amigas, Anna y Beth, dos actrices en puntos muy diferentes de sus carreras, deciden hacer una escapada de fin de semana para retomar su relación. Las envidias, la falta de sinceridad y los celos aflorarán en este entorno idílico haciendo de la estancia un verdadera infierno en la que la personalidad real de cada una de ellas se manifestará de forma terrible.



Aunque esto puede parecer el típico argumento de película de sobremesa sobre la rivalidad y suplantación de personalidades entre amigas, compañeras de trabajo, a lo Single White Female (1992), lo interesante aquí es ese trasfondo de machismo imperante en la industria del cine que ha experimentado Takal a lo largo de toda su carrera. Las protagonistas son actrices, con un una fisionomía y físico tan similar que Takal juego con ello y hay escenas en las que no podríamos distinguir a una de a otra. Debido a estas similitudes es lógico pensar que aspirarían al mismo tipo de papeles, sin embargo son las dos caras de una misma moneda: la del éxito y la del fracaso. Beth goza de cierta fama que le permite vivir de su trabajo, mientras que Anna recibe pocas ofertas y tiene que trabajar como camarera para poder pagar las facturas. Pero, ¿qué las diferencia? Sus personalidades y su aceptación o rechazo dentro de una sociedad machista. 

En las escenas iniciales, la presentación de ambos personajes nos postulan a Beth como la buena y a Anna como la mala, pero lo cierto es que los dos personajes tienen muchas aristas y aquí no hay nadie libre de pecado. Beth es una profesional educada, sumisa y complaciente que no se queja por nada y que acepta cualquier propuesta, aunque a priori ésta no la satisfaga. No tiene ningún problema en desnudarse en pantalla, una exigencia demasiado frecuente en sus papeles, aunque sea algo que no la hace sentir cómoda pero es lo que se espera de ella y lo contrario podría provocar perder ese proyecto. Esta sumisión y deseo de complacer y agradar a los demás no sólo se limita a  su ámbito laboral, si no también a su ámbito personal, es incapaz de rechazar las adulaciones de otros hombres a pesar de tener pareja o de que su amiga hubiese mostrado cierto interés por esta persona.

Por su lado Anna, a la que en un primer momento etiquetamos como la mala o la persona que rechazamos por su beligerancia, agresividad y carácter intimidatorio es una persona que defiende su valores, no se calla en ningún momento y defiende lo que cree hasta sus últimas consecuencias de una manera bastante extrema, lo que claramente la perjudica a la hora de conseguir proyectos. Solo cuando se transforma en Beth y adopta esa actitud dulce, sumisa y que pasa por los cánones comúnmente aceptados por la sociedad es cuando empieza a conseguir lo que quiere de la gente.

El trabajo de las dos actrices es soberbio, especialmente el de Mackenzie Davis por el que se llevó el premio a la mejor actriz en el Festival de Tribeca. Es capaz de representar en su personaje la fiereza de una mujer que se siente constantemente atacada y menospreciada y en la mayor parte de las ocasiones con razón, lo que pasa es que sus formas bruscas acaban desvirtualizando el sentido de todo. Su carmín rojo pasión actúa más como una señal de advertencia y peligro que de sexualidad. Sin embargo, al mimo tiempo es capaz de mostrar su fragilidad ante las opiniones de los demás, sus traiciones y falsedades. Por su parte Caitlin Fitzgerald, que interpreta a la buena y correcta Beth que menosprecia su trabajo en un intento de no hacer sentir mal a su amiga por sus éxitos, guarda bajo esa perfecta fachada de corrección y falsa modestia, un gran sentimiento de inferioridad. Se sabe peor actriz que su amiga y no la ayuda en nada desde su posición más privilegiada. 

Aunque la trama y el mal rollo se va a cociendo a fuego lento, hasta convertirse en una situación totalmente angustiosa, la escena que recuerdo cómo más perturbadora es en la que Anna le muestra a Beth como interpretar su papel, mientras ésta le hace la replica. La escena es tan visceral y la tensión tan insoportable que sólo por esto Mackenzie Davis ya se merecía todo los premios del mundo.

Aunque Always Shine juega con una superposición de imágenes perturbadoras entre escenas y algunos giritos en la trama que durante un tiempo nos desconciertan, la escena final es totalmente reveladora. Una película sobre las amistades tóxicas, el descenso a la locura, sobre lo que más odias y que al mismo tiempo es en lo que te gustaría convertirte, los problemas de identidad, la realidad de una sociedad machista en la que si las mujeres nos responden a ciertos cánones de comportamiento son rechazadas. Una cinta que cuanto más la pienso, más me gusta.