lunes, 11 de junio de 2018

BABYSITTER WANTED (2008)


Qué duro se esta volviendo el trabajo de niñera, ¿verdad? Una profesión que utilizaban muchas jóvenes para pagarse sus estudios o contribuir con algo de dinero a la familia, se ha convertido en una actividad de riesgo, casi más peligrosa que enrolarte con los marines y ser enviado a alguna zona conflictiva. En lo que respecta al cine de terror, las películas sobre niñeras con serios problemas laborales se ha convertido ya en todo un subgénero y es que debe ser una de las profesiones con mas bajas por defunción, no precisamente para la niñera en sí, si no para todos los que la rodean.  

Por todos es conocido lo mal que lo pasó Laurie Strode cuidando niños en Halloween (1978), cuando su hermano decidió asolar el tranquilo pueblo de Haddonfield, muy de actualidad gracias a la nueva entrega de la saga que podemos ver este octubre y de la que os dejo el trailer. Además de Laurie, muchas han sido las niñeras que ha sufrido las consecuencias de este trabajo tan duro: When a stranger call (1979), Child's Play (1988), The House of the Devil (2009), The Boy (2015) o Better watch out (2017). También se dan casos, en los que la niñera es la perturbada, pero con estos antecedentes, la verdad es que no me extraña. Cintas como: The hand that rocks the Cradle (1992) o Emely (2016), te quitan las ganas de dejar a tu hijos en manos de una desconocida que puede ser la mayor psicópata en 100 kms a la redonda.

Dicho esto, centrémonos en la película que nos presenta a la recatada y religiosa Angie que acaba de empezar en la universidad y busca trabajo para costearse los estudios. La joven responde a un anuncio en el que solicitan a un niñera en una granja alejada de la universidad. El trabajo consiste en cuidar al hijo de los agradables Stanton, durante un fin de semana, pero lo que parecía algo sencillo, se convierte en una pesadilla para nuestra inocente protagonista que tendrá que hacer todo lo posible para proteger al niño y escapar con vida.

Babysitter Wanted fue el debut de la dupla de directores formada por Jonas Barnes y Michael Manasseri, que no han hecho nada más relevante tras ella. No penséis que ésta es la típica película de serie B con una guapa protagonista que va a sufrir el acoso y los ataques homicidas de algún perturbado escapado de una institución psiquiátrica. Lo que aquí tenemos es una cinta muy entretenida con un ritmo que no decae pasados los primeros 20 minutos y que nos tiene reservado algún que otro giro de guión de los que te dejan con el culo torcido.



La primera parte de la película sigue el patrón de clásicos como Black Cristmas (1974) o When a stranger calls (1979), en los que la protagonista se siente observada en todo momento y recibe extrañas llamadas es la que nadie contesta y sólo se oyen ruidos y música. Si a esto le sumamos que el pequeño diablillo al que tiene que cuidar ha decido jugar al escondite por la cosa, la tensión en el ambiente va a aumentando a marchas agigantadas. Sin embargo, cuando en estos clásicos se rebela la identidad del perturbado que acosa a la protagonista y empieza el baño de sangre, aquí se produce un giro de los acontecimientos y pasamos a una segunda parte mucho más oscura y cruda. La mayor parte de las escenas sangrientas tienen lugar fuera de la pantalla, pero están tan bien sugeridas, que el expectador las siente de igual manera que si todo hubiese sido más explicito. Pero no penséis que porque la cosa tome un cariz más cruel, no tenemos a un asesino con un humor negro bastante peculiar y con muchas ganas de contarnos su técnicas de asesinato y descuartizamiento.

Los actores están correctos sin nadie que destaque notablemente ni para bien, ni para mal, pero lo que sí que me pareció un pena, es que no aprovechasen más a un actor de la talla de Bill Mosley y lo relegasen a un pequeño papel sin demasiada importancia. Por su parte, la protagonista, no es especialmente resolutiva y cae en los tópicos habituales de este tipo de cine como: dejarse las llaves del coche en la casa, caerse en lo momentos más inoportunos, verbalizar sus siguientes movimientos y no rematar a la primera a sus agresores para que no le sigan dando problemas. 

Una de las cosas que puede chirriaros un poco al principio, es la continua muestra de religiosidad de la protagonista, pero ya os aviso que todo acabará cobrando sentido porque si creemos en la existencia de Dios, tendremos que creer en todo lo que parece en la Biblia, ¿no? La verdad es que no puedo contaros mucho más para no destrozaros la película, pero confiar en mí, cuando os digo que Babysitter Wanted merece bastante la pena. Es una película que se inspira en los clásicos y les insufla ese punto de crudeza y de explotación más propios del terror moderno. No es ninguna joya, ni la quinta esencia de terror, pero sí un producto diferente y fresco de esos que te dejan con buen sabor de boca. 



jueves, 31 de mayo de 2018

ALL CHEERLEADERS DIE (2013)


Me encanta Lucky McKee. Todo lo que he visto de este director, me ha gustado, por no decir que soy fan absoluta. Desde que le descubrí con la sórdida May (2002), un retrato de la soledad y del daño que puede hacer la falta de amigos en una mente perturbada, me empecé a fijar en él. Angela Bettis en su papel de May se ha convertido en uno de mis personajes femeninos preferidos del cine de terror. Después con The Woods (2006), en un internado del principios del s.XX en el que empiezan a ocurrir sucesos paranormales y la protagonista tiene como padre a nada más y nada menos que al gran Bruce Campbell, me siguió conquistado. Y, ya el remate final llegó con The Woman (2011), un relato desgarrador sobre como un hombre supuestamente asentado en la civilización actual puede ser más inhumano que la propia salvaje que ha capturado con el fin de civilizarla. Sin duda, esta cinta no es apta para estómagos sensibles.

Yo había llegado hasta aquí y todavía me resistía a ver su ópera prima, bueno más bien el remake que le hizo en 2013, porque la original que grabó tras acabar la universidad es prácticamente imposible de conseguir. Había leído muchas críticas que aseguraban que no merecía la pena y eso me había desanimado todo este tiempo porque no quería romper ese hechizo que existía entre McKee y yo, jejeje. Pues bien, creo que ya vais conociendo un poco mi manera errática de escoger películas y ahí andaba yo buceando por el catálogo de cine de Movistar, del que dicen que es uno de los mejores en nuestro país y yo quería comprobar qué tal estaba su sección de terror. En este campo ya sabía que Filmin no tiene rival, pero merecía la pena echar un vistazo y así fue como saltó a mis ojos, All Cheerleaders die. La espera había terminado.  

El equipo de animadoras del instituto Blackfoot está de luto tras la trágica muerte de su capitana en "acto de servicio". El deber apremia y cubren la vacante con Maddy, que tiene un oscuro plan para vengarse del capitán del equipo de fútbol. Sin embargo, los acontecimientos la llevarán por unos derroteros muy diferentes que la acabarán convirtiendo a ella y al resto de animadoras en unos seres sedientos de sangre que emprenderán una lucha encarnizada contra los chicos del equipo de fútbol.  

Aunque os he confesado mi devoción por McKee, es justo decir que tanto la película original, realizada 12 años antes, como la que hoy nos ocupa, fueron co-escritas y co-dirigidas por McKee y Chris Sivertson. No obstante, la carrera de Sivertson no ha corrido la misma suerte, sobretodo con ese descalabro con Lidsay Lohan en I know who killed me (2007), del que entiendo que es difícil recuperarse, jejeje.


Centrándonos ya en All Cheerleaders Die, hay que diferenciar una primera parte en la que nos presentan a todos los personajes y que está organizada a modo de la tradicional comedia de instituto protagonizada por animadoras y quarterbacks. Aquí vemos a las ambiciosas y engreídas animadoras contoneando sus cuerpos perfectos siempre enfundadas en su mini uniformes de "trabajo". Por otro lado, los insoportables jugadores de fútbol dividen su tiempo entre el culto al cuerpo en el gimnasio y el aprovechamiento de cualquier joven ingenua que ose caer en sus redes. Entre todo esta fauna, se encuentra nuestra protagonista, Maddy, que hasta ese momento había sido un espíritu libre, pero ahora quiere introducirse en este selecto grupo, en busca de venganza. Aunque os he  dicho que esta primera parte es una clásica comedia adolescente, lo cierto es que os he engañado un poco, porque en sus diálogos ya se nota el humor negro característico de esta película, sobre todo en su segunda mitad y algunas situaciones más transgresoras que se alejan un poco de lo cánones tradicionales.

Tras un hecho repentino que cambia dramáticamente el curso de lo acontecimientos, nuestras arrogantes animadoras se transforman en un seres sedientos de sangre y venganza y se vuelven mucho más divertidas. Es aquí, cuando entra en acción una antigua amiga de Maddy, que parece sacada directamente de The Craft (1996) y que ayudará con un poco de magia a la reinas de los popones en su lucha encarnizada contra los jugadores de fútbol. A pesar de su tono divertido y desenfadado, All Cheerleaders die, no se detiene a la hora de tratar la violencia de género entre adolescentes y las consecuencias que esto puede acarrear.

Aunque he recalcado mucho lo de la comedia y el humor negro que impera en la película, la sangre, vísceras y mutilaciones también están muy presentes, sobre todo en el tramo final de la cinta. Aquí seremos testigos de una autentica batalla campal entre animadoras y futbolistas para disfrute de todos los fans de las comedias desenfadadas que sólo buscan la diversión del espectador. 

La película está protagonizada casi totalmente por adolescentes atractivos que lucen su cuerpo sin ningún tapujo, pero todos los personajes tienen dobleces y ninguno es totalmente bueno o malo, en el caso de la animadoras porque los hombres en esta cinta son bastante odiosos todos ellos. A mi, particularmente, me encantó la nueva jefa de las animadores, una desternillante Brooke Butler en su faceta de sexy asesina sin tapujos. 

Contra todo pronóstico, me lo pasé pipa con All Cheerleaders die y me pareció una comedia de terror muy refrescante, divertida y con un toque diferente. Mucho más compleja de lo que parece a simple vista, está sátira del mundo adolescente en los institutos americanos y la siniestra consecuencias que los comportamientos violentos pueden acarrear, hacen de esta pequeña, pero digna película de serie B, un producto 100% recomendable. Puede que me haya dejado influenciar por el entusiasmo de los chicos de Sin Audiencia que os comentaba en la crítica de Stephanie (2017), pero sin duda, creo que All Cheerleaders die es una gran película, con sus fallos, pero grande en resumidas cuentas.


martes, 29 de mayo de 2018

STEPHANIE (2017)


Escucho diariamente podcasts, mientras me arreglo para ir a trabajar, conduzco o paseo al perro. Para mi es una forma muy amena de estar al día o descubrir antiguas joyas del cine o de la televisión, de la mano de auténticos profesionales que controlan muchísimo sobre estos temas y de los que aprendo infinidad de cosas. Uno de estos podcasts que sigo fielmente cada semana es Sin Audiencia. Me encanta la variedad de temas que abarcan, desde películas de estreno, cine clásico u olvidado, hasta libros, videojuegos o cómics, siempre dentro del terror o la ciencia ficción, por supuesto. Pero lo que más me gusta es la pasión con la que defienden las película que les han entusiasmado, porque te contagian ese sentimiento y te lanzas cuál torpedo a verla. Y, ese fue el caso de Stephanie, de la que no había oído hablar hasta que no la comentaron en uno de sus últimos programas, pero tras ese preciso instante, paso a ser la primera en mi lista de visionado.

Tras una crisis global, una niña pequeña se ha quedado sola en casa, dónde tiene que defenderse de un ente maligno que la ha elegido como objetivo. Poco después, sus padres regresarán y juntos tendrán que luchar para salvar la vida de su hija.

Aunque su director, Akiva Goldsman, sólo tiene otro largometraje en su haber, Winter's Tale (2014) de carácter romántico-fantástico, sí que ha dirigido varios capítulos de Fringe (2009-2010) (de ahí la participación de Anna Torv en esta película) y de Star Trek: Discovery (2017-2018). Goldsman ha centrado la mayor parte de su carrera en la producción y en la escritura de guiones, trabajo por el cuál consiguió un Oscar por A Beautiful Mind (2001). Más orientado al género fantástico y de terror, que es lo que verdaderamente nos interesa, Goldsman ha sido el guionista de Dark Tower (2017) o Rings (2017) y, actualmente, está inmerso en la adaptación del la secuela de The Shinning, Doctor Sleep, el próximo trabajo de Mike Flanagan, tras su éxito con Gerald's Game (2017). Esperemos que ésta vez, el experimentado guionista neoyorquino, vuelva a recuperar su maestría, adaptando de nuevo, una novela de Stephen King

Después del éxito cosechado el año pasado con Split, Happy Death Day o Creep 2,  Bloomhouse, la productora de los amantes del cine de terror por excelencia, inicia su andadura este 2018 con las producciones con las que esperan copar las salas de cine esta primera mitad del año: Insidious: The Last Key, Family Blood, Truth or Dare, Delirium y nuestra Stephanie. Os invito a leer el artículo que la web Spinof le dedica al modelo de negocio de esta productora, porque explica perfectamente cómo en tan sólo 11 años, tras el impresionante bombazo que supuso Paranormal Activity (2007), se ha convertido en el "rey Midas del cine de género".



Centrándonos ya en la cinta que nos ocupa, podríamos decir que la película consta de dos partes. Una primera, en la que vemos como esta niña se desenvuelve con total soltura por la casa, viviendo en su mundo imaginario con su tortuga de peluche y comportándose como lo haría cualquier crío sin la supervisión de un adulto: pintando paredes, comiendo dulces a todas horas, etc. La única diferencia es que aquí hay un monstruo que la está acechando, aunque ella ya ha aprendido a esconderse de él y sobrevivir. La segunda parte empezaría en el momento que los padres vuelven a la casa. Si antes nos preguntábamos por qué habían dejado a esta pobre niña sola, ahora nos empieza a escamar la actitud de los progenitores que parecer saber más de lo que cuentan.  

Stephanie es una de esas películas en las que tienes todo el rato la sensación de que algo va a pasar, pero no sabes por dónde te va a venir. Es cierto que no es tan desconcertante como The Invitation (2015) que es la película que yo siempre pongo como ejemplo de esta sensación, porque aquí sabemos que hay un monstruo. Pero una ya tiene cierta experiencia con este tipo de películas y sabe que cuando no nos muestran a la criatura y sólo le oímos o le intuimos, o bien nos están preparando un susto muy grande o bien se está cociendo algo más en el ambiente. Así que como podéis imaginar uno de los factores más importantes de esta película es el manejo de la tensión que te mantiene en vilo durante la mayor parte del metraje.

Otro de los aspectos a destacar sería la interpretación de la joven protagonista, Shree Crooks, que, literalmente, se come la pantalla, ya que durante la primera parte de la película es el único personaje en escena. A pesar de su corta edad, Crooks ya ha participado en American Horror Story: Hotel (2015-2016) y en varias películas, así que habrá que seguirla muy de cerca. Como ya os adelantaba al principio de la crítica, interpretando a sus padres tenemos a Anna Torv, que a mi me parece demasiado fría para este papel de amorosa madre, algo en lo que su compañero, Frank Grillo, destaca, ya que la complicidad y el cariño que siente por la niña, resulta natural y creíble.

En definitiva, Stephanie ha sido una grata sorpresa que agradezco enormemente a los chicos de Sin Audiencia porque sin su recomendación, nunca me habría llamado la atención esta producción. Puede que su final, aunque sorprendente, a mi me dejase un poco fría porque después de tanta tensión, esperaba algo más impactante o algo que me desencajase la mandíbula. Aunque esto no llega a suceder, Stephanie es una película tensa, con una atmósfera oscura e inquietante y que a pesar de sus fallos, funciona a las mil maravillas. 



miércoles, 16 de mayo de 2018

MUTE WITNESS (1995)


Después de unas semanas de relax bloguero, a causa de mis celebraciones cumpleañeras (sí, soy una princesa y lo hago a lo grande, jajaja), vuelvo a retomar mi actividad como horror lover, con más ganas que nunca. Hoy os traigo una película que me sorprendió gratamente y que descubrí gracias a Spooky Astronaut, mi Youtuber de terror favorita. En este caso, el director británico que conocimos hace algunas semanas con Nine Miles Down (2009), Anthony Weller, vuelve al blog, pero esta vez con su opera prima, esa que nos hizo pensar que estábamos ante una joven promesa del género, pero que con el tiempo, se acabó diluyendo a causa de trabajos menos acertados. Antes de convertirse en director de cine, Weller había cosechado una exitosa carrera como director publicitario en Alemania y decidió dar el salto a la gran pantalla con este guion que había escrito hace varios años. Para abaratar los costes de producción, se trasladó a Moscú, al igual que los protagonistas de su película.

Mute Witness nos presenta a Billy, una joven muda, especialista en maquillaje y efectos especiales que trabaja en una película de terror de serie B en Rusia. Ella, junto con su hermana Karen que a su vez es la asistente y novia del director, Andy, son los únicos tres americanos que trabajan junto a un equipo ruso con el que tienen serios problemas de comunicación a causa del idioma. Un noche, Billy, queda atrapada por error, en el estudio y tras no poder contactar con nadie para que la libere, decide pasar la noche allí. El problema llega cuando se da cuenta de que el estudio es usado por la noche para grabar películas snuff y en su huida, alertará a los criminales, que harán todo lo posible por eliminar al único testigo de su negocio ilegal.

Al igual que en la propia película, el reparto está formado por actores americanos y rusos. Nuestra protagonista, Maria Zudina, era rusa pero como representaba el papel de una chica muda, el idioma no fue ningún problema y su capacidad de comunicación a través de las expresiones y la mirada, la  convierten en la actuación más destacable de toda la cinta. Como dato curioso, destacar la aparición del mítico Alec Guinness, conocido actor británico, al que Weller convenció, ocho años antes, para grabar una serie de escenas que después formarían parte de la versión final de Mute Witness. A eso le llamo yo visión de futuro, jajaja.



Mute Witness  es una de esas película que desprende ese aura del cine policíaco, oscuro y sórdido, pero con una trama sin demasiadas complicaciones. La acción se mueve entre el estudio de grabación de una película de bajo presupuesto, bastante desvencijado y lleno de recovecos y chismes, el pequeño apartamento de nuestra heroína en una zona un tanto austera de Moscú y esa calles oscuras y mojadas por la lluvia de una ciudad que se nos muestra siniestra y  amenazadora. A mi, como amante de los thrillers ochenteros, me recordó mucho a  F/X (1986), una película a la que le tengo mucho cariño porque me descubrió ese mágico mundo de los efectos especiales, a través de un técnico especialista que se veía atrapado en un juego de realidades e ilusiones. En Mute Witness, la trama no gira en torno a a estas técnicas, pero sí que encontramos algunas de estas ilusiones que junto con la barrera del idioma entre los personajes americanos y rusos y las dificultades de Billy para comunicarse, generan un entorno de confusión. Cuando los protagonistas intentan explicarle a las autoridades rusas que parte del equipo pertenece a una red de snuff, éstos les convencen de que Billy es una paranoica que sólo ha visto un asesinato simulado y prácticamente se ríen de ella. 

Siendo totalmente estrictos, Mute Witness no es una película de terror, si no un thriller que se va enredando y volviendo cada vez más sórdido, a medida que avanza la trama. Muchos han comentado que la película tiene la esencia del cine de Hitchcock, propia de una historia de misterio aligerada con ciertos momentos de comedia. Estos episodios cómicos, protagonizados por la hermana de Billy y su novio, el director, son alguna veces demasiado extensos y te sacan un poco del tono de la película, pero lo cierto es que no afectan el buen gusto que te deja este thriller. Una película pequeña, pero muy bien ejecutada, a la que considero una pequeña joya dentro de cine ruso, aunque realmente es una co-producción entre Reino Unido, Alemania y Rusia. 



jueves, 3 de mayo de 2018

CHILD'S PLAY (1988)


Cómo pasa el tiempo, ¿verdad? Pero hoy vuelve a ser mi cumpleaños y como ya viene siendo tradición desde que abrí el blog, os traigo una película relacionada con esta celebración. La elección de hoy, no podía ser más especial para mí porque Child's Play marcó mi infancia, ya que fue la primera película de terror que vi, nada menos que en el cine y seguramente fue la causante de mi pasión por este género. Pero dejad que os cuente mi particular historia con este muñeco asesino porque es bastante divertida.


Rondaba el año 1989 y yo era una tierna infante que iba frecuentemente al cine de su pueblo con sus amigos, uno de estos antiguos teatros con una única sala enorme, en la que no tenían muy en cuenta las fechas de estrenos oficiales. El ritual era sencillo: nuestros padres nos dejaban en la puerta y nos recogían a la salida. La casualidad hizo que aquel fin de semana cercano a las Navidades del 89, (la cinta se estrenó el 25 de Abril de ese mismo año en Madrid) estuviese diluviando y el padre que nos llevaba no pudo dejarnos en la puerta, sino que lo hizo en la esquina más próxima, dado el caos de coches y personas generado por la lluvia. No penséis que nuestros padres eran tan modernos como para llevarnos a ver una película de terror cuando ninguno de los niños superábamos los 10 años, sino que supuestamente, íbamos a ver el pestiño de The Adventures of Baron Münchausen (1988) y, por alguna extraña razón que desconozco, la cambiaron. Así que ahí estábamos nosotros, en la puerta del cine, viendo el cartel de una muñeco asesino cuchillo en mano y sin posibilidad de llamar porque os recuerdo que en esta época no había móviles. Así que tomamos la única decisión posible, pasar a ver la película. La verdad es que no recuerdo haber pasado miedo viéndola, sino que el problema llego más tarde, con las consecuencias que acarreó este visionado para una mente infantil. Poco tiempo después de haber visto la película, los Reyes Magos me trajeron un Baby Feber, el muñeco de moda de la época y clon de Chucky. Las pesadillas surgieron al instante y me despertaba en plena noche gritando que el muñeco iba a matarme (mi madre no supo a qué se debía todo esto, porque el visionado de la película se mantuvo en secreto) y no me consolaba que se lo llevaran a otra habitación, porque claro, Chucky andaba. Así que en este desconcierto, mis padres tuvieron que devolver el muñeco por una muñeca rubia a la que le crecía el pelo y fin de las pesadillas y de la historia, jejejeje. 

Espero no haberos aburrido demasiado con mi anécdota de Child's Play y ahora sí, vamos con la película. En los primeros minutos de metraje, vemos como el asesino Charle Lee Ray es abatido en una juguetearía, pero antes de morir realiza un conjuro de vudú y le transfiere su alma a un muñeco. El joven Andy Barclay, un niño de 6 años, recibe este muñeco como regalo por su cumpleaños, pero cuando la amiga de su madre muere, nadie le cree cuando dice que el juguete está vivo. Mientras Andy es considerado el culpable de las fechorías del muñeco, éste va dejando a su paso todo un rastro de sangre mientras intenta dar con la solución para volver a un cuerpo de carne y hueso.

Después del éxito de su primera película, Fright Night (1985), Tom Holland volvía a sacudir la industria, con esta nueva obra de culto para los amantes del cine de terror. Tras ella orientó su carrera hacia el mundo de la televisión, casi siempre dentro del ámbito del terror y sus siguientes largometrajes, The Temp (1993) y  The Thinner (1996), ya no gozaron del mismo éxito que sus antecesoras. El creador del icónico asesino de medio metro fue Don Mancini, quién por su parte, ha consagrado la mayor parte de su carrera a Chucky, trabajando en todos los guiones de la franquicia y dirigiendo las tres últimas películas. 

Child's Play es un thriller o un slasher cargado de tensión, en el que en todo momento se juega con la idea de que Andy o el Muñeco sean los asesinos, principalmente gracias a los planos subjetivos del asesino a media altura. Nosotros, como espectadores, sabemos la verdad, pero es cierto que hasta que los adultos no ven al bueno de Chucky en acción, es bastante ambigua la autoría de los crímenes. En este sentido, nuestras ansias por ver al deslenguado muñeco pasearse por la pantalla, con su cara de mala leche y cuchillo en mano, también se hacen esperar, ya que no es hasta la mitad de la película, cuando vemos al Chucky mal encarado que conocemos. Como os he dicho antes, la tensión está muy bien medida, con los golpes de música y los planos subjetivos y esta espera no se hace para nada larga.


El tono de comedia que impera en el resto de películas de la saga, aquí no existe a penas y se eligió un tono más serio y siniestro, a pesar de tener a un muñeco de plástico como asesino. Lo que ya se deja ver y sería clara seña de identidad de la imagen de Chucky que tenemos hoy en día, sería su mala leche y su lenguaje soez y lleno de insultos. 

El vudú vuelve a aparecer en el cine de género, tras su importante papel en los inicios del cine zombi con White Zombie (1932) o I walked with a zombie (1943), como medio para trasmitir el alma de un ser humano, a un objeto animado o inanimado, en este caso, el alma de un estrangulador se transfiere a un muñeco. El nombre del asesino, Charles Lee Ray, fue creado por la unión de los nombres de tres famosos asesinos: Charles Manson, Lee Harvey Oswald y James Earl Ray. Uno de los puntos fuertes de la película es el carisma y la voz de Brad Durif, verdadera alma de Chucky, que ha seguido dándole vida en todas y cada una de las películas de la saga. Los efectos especiales siguen pareciéndome bastante buenos y el muñeco animado sin necesidad de recurrir a CGI me parece que esta muy bien conseguido y que ha superado bien la barrera del tiempo.

En este último visionado de Child's Play y ya teniendo en mente traeros esta crítica, me he dado cuanta de un par de referencias cinéfilas bastante curiosas. En primer lugar, hay una escena que claramente nos rememora a ese momento en el que Jack Torrance golpeaba una puerta con un hacha, en pleno ataque de locura en The Shinning (1980). Y, también el final de la película, con un muñeco echo polvo que se arrastra, en un último esfuerzo, para acabar con la vida de Andy, recuerda, sin ninguna duda, al final de Terminator (1984), en el que un T-800 destrozado intentaba matar una vez más a Sarah Connor. Os dejo enlazadas las escenas a las que hago referencia para que disfrutéis todavía más de un nuevo visionado de Child's Play.

A pesar de que esta cinta sigue encantándome y me sigue transmitiendo el mismo mal rollo de mi infancia, sí que veo unos cuantos aspectos en el guión que no me cuadran del todo. En primer lugar, nos presentan a la madre de Andy, como una mujer trabajadora de clase media que no tiene el suficiente dinero como para comprar el muñeco en una tienda, sino de manera ilegal a un vendedor ambulante. Pues bien, en el final de la película, que se desarrolla casi totalmente en la casa familiar, podemos ver gracias a la persecución del muñeco, todas las estancias de la casa, y nos damos cuenta que para no tener dinero, la madre de Andy vive en un casoplón que es prácticamente dos veces el mio, jejeje. Por otro lado, me pareció muy cruel, esa especie de institución para niños problemáticos en la que encierran al pobre Andy, es literalmente una cárcel con sus celdas y ventanas con barrotes y se me partía el corazón ver a ese niño tan pequeño ahí encerrado. Esto sería impensable hoy en día, pero en el cine ochentero no eran precisamente políticamente correctos y la extrema sensibilidad no era uno de sus fuerte, jajaja.

En definitiva, ha sido un placer celebrar mi cumpleaños junto al de Andy, al que le trajo consecuencias nefastas durante tres décadas y las que le quedan. La franquicia se siente muy cómoda en su nicho de terror sangriento+humor deslenguado y no tiene pinta de ir a acabarse pronto. Ya os iré reseñando todas las películas poco a poco, para no pillarme un empacho, porque lo cierto es que sólo he visto la primeras y no he llegado a conocer a la cónyuge y descendencia de Chucky, así que promete ser muy divertido. Por el momento, disfrutad de la entrega más seria de toda la saga dónde la tensión, la música y las apariciones del muñeco, que protagonizó más de una de mis pesadillas, están muy bien medidas y siguen haciendo de la película de Holland, un producto muy disfrutable y entretenido. Por delante nos queda otro año plagado de cine de terror, de descubriros joyas ocultas y de traeros algún especial que tengo en mente y que todavía sigue resistiéndose, ¿nerviosos? Yo sí.

lunes, 30 de abril de 2018

TRUÑOS VARIOS: THE EVIL IN US (2016) Y THE HILLS HAVE EYES 2 (2007)


Después de un par de años sin traeros críticas de truños cinéfilos, vuelvo a la carga con ello porque creo que es igual de importante descubriros películas que merecen mucho la pena, como advertiros de aquellas de las que debéis huir muy fuerte. La mayor parte de las veces, estas películas se quedaban fuera del blog porque no me apetecía alargar mi tormento escribiendo sobre ellas. Sin embargo, teniendo en cuenta que con este formato os hablo de un par de títulos y de forma breve, creo que podré superarlo y cumplir con esta gran labor social para mis queridos horror lovers, jejeje.


THE EVIL IN US (2016)


Mi incursión en Dark, el canal 100% de terror del que disfruto desde hace unas pocas semanas, no está siendo de lo más acertado. Mi primera elección fue la australiana Visitors (2003) y ni me voy a molestar en reseñarla porque no sólo no me gustó, si no que de terror anda un tanto justita. Así que voy a focalizar todos mis esfuerzos en hablaros sobre The Evil in Us (2016), mi nefasta segunda opción. No penséis ahora que he perdido totalmente mi criterio a la hora de elegir películas, sino que Dark tiene una programación semanal y éstas son las que han coincido con mis limitados horarios. Desde luego, la suerte no está conmigo en estos momentos, así que no me aventuraré en ningún juego de azar durante una temporada, jejeje.

Después de unos créditos de presentación muy sugerentes, en los que aparece una mujer contoneándose en una bañera llena de sangre, Evil in us arranca con una escena bastante impactante en la que la policía descubre los cuerpos mutilados y roídos de varias chicas, entre las que hay una única superviviente terriblemente herida. Mientras tanto, un grupo de amigos se dirige a una isla para celebrar el 4 de Julio, en una cabaña aislada de la civilización y montarse la típica fiesta de alcohol, drogas y sexo. El problema surge cuando la droga empieza a provocarles alucinaciones y paranoias, hasta convertirlos en caníbales asesinos de ojos inyectado en sangre, con el único deseo de matar y devorar. Como tercera línea argumental, tenemos los experimentos con drogas que se están realizando en un laboratorio. 

Para empezar, una de las cosas que más me molestó de esta película fue su fuerte mensaje aleccionador en contra de las drogas: los que consumen, se convierten en seres rabiosos que despedazan a todo con lo que se cruza y la heroína angelical que se ha mantenido pura, no sufre trastorno alguno. No es que esté a favor de las drogas, ni muchísimo menos, pero desprendía ese tufillo ochentero de enseñanza para "lerdos", en la que todo se explicaba de manera exagerada, hasta caer en el absurdo. Me recordó mucho al vídeo que nos compartió hace unas semanas Horror Losers, de los Dibujos animados al rescate (1990). Pero, aunque la imagen de la droga convirtiendo a los adolescentes en caníbales rabiosos, parece otra idea absurda de la enésima película de infectados, lo cierto es que The Evil in us se inspira ligeramente en el ataque caníbal que tuvo lugar en Miami en 2012, como consecuencia de la supuesta ingesta de una nueva droga. 

Volviendo a la película, os diré que las actuaciones me resultaron bastante malas y nada creíbles, a excepción de la protagonista y poco más. La caracterización de los caníbales se limita a unos ojos rojos y expresiones agresivas como de perros rabiosos o algo parecido porque daba la sensación que los actores no tenían muy claro qué hacer salvo gruñir y abalanzarse unos sobre otros. La verdad es que hubiese sido de gran ayuda algún elemento como contorsiones o maquillajes más currados para suplir la falta de credibilidad que le otorgaban los actores a sus personajes. Y eso, por no hablar de las sobre actuaciones de todos los actores que intervienen en la trama del laboratorio, que de verdad, eso no había por dónde cogerlo.

El cuanto al ritmo, tenemos la típica primera parte de presentación de personajes que aquí se hace excesivamente larga, ya que toda la acción se concentra en la segunda mitad, con movimientos frenéticos de cámara y caníbales saltando de un lado a otro de la pantalla. Recuerdo grandes dosis de sangre, pero ningún asesinato memorable, a excepción de un carbonizado que debió concentrar todos los esfuerzos de maquillaje. 

Las buenas intenciones de los guionistas por crear una película de infectados con tintes socio-políticos, se queda en un batiburrillo de ideas que no conducen a ningún sitio y termina convirtiendo la experiencia en un tostón importante. Evidentemente, no os recomiendo para nada The Evil in us porque ya habéis visto decenas de películas de infectados en cabañas o espacios reducidos con mejores resultados: Cabin Fever (2002), REC (2007), Splinter (2008), Evil Dead (2013) y será mejor que las revisitéis, antes que intentarlo con ésta. 


THE HILLS HAVE EYES 2 (2007)



Cuando no has oído hablar mucho sobre la secuela de una película de culto y cuyo remake es considerado uno de los mejores en lo que a cine de terror se refiere, la cosa no pinta muy bien, jejeje. Pero en ese momento, no le presté la suficiente atención a ese pequeño pero importantísimo detalle porque estaba entusiasmada buceando por el catálogo de cine de Terror de Movistar, cuando la encontré y me dije: ¿por qué no he visto yo esta secuela con lo que me gustó el remake de Aja de 2006? Así que me lancé a verla y ...¡¡¡error!!!

En esta ocasión, tenemos un grupo de soldados de la Guardia Nacional que hacen un alto en el camino, para entregar un material en un campamento de científicos en Nuevo México. Una vez allí, se percatan de que el campamento ha sido arrasado y deciden inspeccionar la zona para averiguar qué les ha pasado a los científicos desaparecidos (una premisa inicial muy parecida a la de la semana pasada con Nine Miles Down (2009), ¿verdad?). Lo que no saben, es que ésta es la zona en la que la familia Carter (las víctimas de la primera parte ) fueron atacadas por una clan de mutantes caníbales y ahora ellos son sus nuevas presas.

Aunque la premisa de la película es prometedora y tenían suficiente material para haber creado una secuela digna y en la línea del salvajismo con el que nos deleitó Aja, lo cierto es que tanto el guión escrito por Wes Craven, creador de la película original de 1977, y su hijo Jonathan Craven, como la dirección de Martin Weisz, dejan bastante que desear. También hay que decir que la cinta original de Craven no es que sea una buena, por no decir que a mí me resultó tremendamente aburrida en varios momentos. Por esa misma razón y sobre todo después de ver lo que había conseguido Aja y que aquí con más desacierto que otra cosa, se intenta imitar, estaban en posición de crear un producto que consolidase una futura franquicia. Pero, el resultado no pudo ser más desastroso. 

En primer lugar, los que esperasen encontrar una película de acción/terror al más puro estilo de Predator (1987) o Dog Soldiers (2002) se van a dar de bruces contra una pared de hormigón, como hice yo. Aquí lo que tenemos son unos militares que más bien parecen un grupo de boys scouts, asustadizos y torpes, que no tiene ni idea de como enfrentarse a unos enemigo más fuertes, pero a los que superan en número. Los diálogos entre ellos son patéticos, lo que termina provocando que nosotros como espectadores tengamos más ganas de acabar con su vida, que los propios mutantes. Así que, en definitiva, para la único que nos sirven estos militares de pacotilla, es para proporcionarnos un buen numero de víctimas que serán eliminadas una tras otra, de maneras más o menos creativas.

Al igual que en las dos películas anteriores, no se escatima en casquería y gore, pero de una manera menos efectiva. Es decir, no me ha generado en mí ese poso de salvajismo y brutalidad que sí se me quedó con la cinta de 2006. Lo que no hay que desmerecer es la caracterización de los mutantes, que están representados en la misma línea de deformidades y atapuerquismo que sus antecesoras, aunque aquí tienen un ligero componente sobrenatural, al parecer casi invencibles. Hay alguna escena impactante como la inicial o la de la violación, más explicita que en la de Aja, pero por lo demás, no es nada más que una sucesión de amputaciones y muertes insustanciales.

Aunque el bueno de Craven quería incorporar en esta secuela un componente claustrofóbico, introduciendo a los protagonistas y mutantes en la intricada red de túneles de las montañas, al más puro estilo de The Descent (2005), lo cierto es que ni se acerca. The Hills Have Eyes 2 es una película aburrida e irrelevante que no merece la pena visionar, ni aunque sea por puro completismo. En serio, borrar de vuestra memoria su existencia y os aseguro que no perderéis inútilmente una hora y media de vuestra vida. 


lunes, 23 de abril de 2018

A QUIET PLACE (2018)


El pasado fin de semana aterrizó en las carteleras españolas uno de los títulos mas esperados por todos los horror lovers, entre los que me incluyo. Después de la infinidad de buenas críticas que nos llegaban de los países en los que ya se había estrenado (hemos sido de los últimos), ya muchos se aventuraron a elegirla como uno de los mejores estrenos de terror y ciencia ficción del 2018 y eso que sólo estamos en el 4º mes del año. 

La película nos sitúa en un futuro cercano, 2020 y en un entorno apocalíptico en el que unos extraños seres han acabado con la mayor parte de la población mundial. Nuestros protagonistas son una familia que vive aislada en un entono rural, donde viven con todas las precauciones necesarias para no hacer ningún ruido, ya que estos monstruos, aunque ciegos, tienen un oído finísimo que detecta cualquier ruido no ambiental. Han aprendido a sobrevivir con la amenaza constantemente rondando sobre sus cabezas, pero uno nunca puede preverlo todo, ni controlar a tres niños pequeños con ganas de divertirse.

A Quiet Place es el tercer largometraje como director para el actor y realizador John Krasinski. Sus anteriores trabajos que nada tenían que ver con el terror o la ciencia ficción, si no con la comedia o el drama, fueron Brief Encounters with Hideous Men (2009), The Hollar (2016) y tres capítulos de la serie The Office (2005-2013), en la que también formaba parte del elenco. En esta ocasión, Krasinski coescribe, dirige y protagoniza junto a su esposa, Emily Blunt, una película de terror sencilla, pero efectiva, en la que el silencio es parte esencial de la trama.

"Si no te oyen, no te pueden atrapar". Ésta es la frase que acompaña al título en el póster español de la película, ya que en el original en inglés, el mensaje es justo el contrario: "Si pueden oírte, pueden cazarte". En cualquier caso, tenemos a una familia que ha aprendido a vivir en el silencio: se comunican por lenguaje de signos, la hija mayor, Regan, es sorda (al igual que su intérprete, Millicent Simmonds, que también lo es en la vida real), lo que le da mayor credibilidad a que todos conozcan este lenguaje. Por otro lado, siempre caminan descalzos y las rutas que transitan están cubiertos de ceniza para amortiguar el sonido de sus pisadas y Evelyn, en avanzado estado de gestación, tiene preparado un sistema para mitigar el llanto de su futuro bebé. Por su parte, la amenaza a la que se enfrenta esta familia, tiene un origen desconocido y éste es, sin duda, uno de los mayores aciertos de A Quiet Place. La película nos situa directamente en este contexto y, salvo uno pocos recortes de periódico, no tenemos ni idea de dónde han salido estos depredadores de oído fino. 



Como es de suponer, la tensión en esta película es prácticamente insostenible y una de sus bazas fuertes al estar perfectamente equilibrada durante todo el metraje. Aunque todo, absolutamente todo, en A Quiet Place nos provoca este desasosiego casi insoportable, había dos aspectos que particularmente me helaban la sangre. Por un lado, como ya os he comentado antes, Regan es sorda y esto provoca que sea incapaz de oir los ruidos que se producen a su alredor, aunque sea un monstruo soplandole la nuca. Pero no penséis que Regan es un personaje débil, porque es de los más valientes y decididos. Otro de los focos de tension es Evilyn que en avanzado estado de gestacion, ¿cómo pensáis que va a poder dar a a luz sin emitir un sólo ruido o impedir que su bebe recién nacido llore? La interpretación de Emily Blunt es absolutamente soberbia, transmitiendo su desesperación y miedo, sin apenas recurrir al dialógo, sólo a través de sus expresiones corporales y su mirada. Las actuaciones de estas dos mujeres, las únicas de la película, son excelentes y si Blunt no termina nominada al Oscar, sólo será por lo injustamente que es tratado habitualmente el género fantástico en los premios de la Academia Norteamericana. 

Y, qué decir del silencio, en una película en cuya primera parte no existe el diálogo y después se juega con el sonido para crear no sólo momentos de tensión, si no de complicidad entre los personajes. Una familia en la que todos sus miembros están perfectamente contruídos y en los que vemos su progresión y el cambio de sus relaciones durante la película. Basicamente, estamos ante un drama familiar, en el que todos sufren a su manera y lo único que quieren es sobrevivir y protegerse los unos a los otros. Una de las frase que dice Evelyn es fundamental para entender esta idea: "¿Quiénes somos nosotros si no podemos protegerlos?". 

La fotografía de la película es preciosa, al localizarse en un entorno boscoso, con cataratas y lagos increíbles que nos hacen darnos cuenta de lo maravillosa que es la vida y lo mucho que merece la pena luchar por sobrevir. Este entorno bucólico y apacible está en clara contraposición con las criaturas que les acechan. El diseño de los monstruos es increíble y esto no es una película de bajo presupuesto en la que la bestia aparece escasamente hacia el final de la cinta, si no que aquí los vais a ver claramente y os seguro que no os defraudarán.

Es posible que A Quiet Place no vaya a revolucionar el género, como en su momento hicieron It Follows (2014), The Witch (2015) o Get Out (2017) en la que se usaba el terror como metáfora para expresar y denunciar temas muchos más serios. Sin embargo, no hay que quitarle mérito a una película con un argumento extrictamente de terror y ciencia ficción, que cuenta la cosas de otra manera, aterrándonos con el silencio o mejor dicho, cuando este se rompe y te deja con el corazón en un puño y ahogando ese grito en tu garganta. Hacía tiempo que no veía a una sala de cine tan petrificada mirando una pantalla y sin un solo ruido, ya que un simple murmullo o el mascar de unas palomitas, no sólo molestaba a los demás, sino que te molestaba a ti mismo. No dudéis en ir a ver A Quiet Place porque tras haberla disfrutado a lo grande, yo también soy de las que piensa que tendrá un puesto de honor en mi lista con lo mejor del año.