jueves, 13 de febrero de 2020

WOMEN IN HORROR MONTH: CHAINED (2012)


A pesar de que en mi caótico 2019 no le dediqué un especial a esta noble causa, retomo la tradición de dedicar el mes de Febrero al papel de la mujer en el cine de Terror. En anteriores ocasiones, os traje tanto películas dirigidas por mujeres, como películas protagonizas por las féminas más malvadas, desequilibradas o vengativas del género. Este año, no voy a ganar en originalidad, porque os voy a volver a traer cintas dirigidas por mujeres, pero me he zambullido en el fango para traeros producciones más desconocidas, que no suelen aparecer en este tipo de listas.

Sin más dilación, ¡¡¡comenzamos el Bloody Women Power!!! 


CHAINED (2012)




Inicio este especial de películas de terror dirigidas por mujeres con una de las cintas más duras e incomodas que he visto en años. Si bien es cierto que los secuestros es una temática bastante recurrente en el cine, cuando el rapto no obedece a algún tipo de chantaje o no se produce un asesinato, si no que el secuestrador se apropia de la víctima "de por vida" es infinitamente más aterrador.

La responsable de co-escribir el guión y de dirigir la película es Jennifer Lynch, hija de David Lynch. Un hecho que a priori, puede verse como una gran ventaja, le acarreó bastantes problemas en sus inicios, al ser acusada de haber recibido un trato de favor por parte de su padre, a la hora de dirigir su primer largometraje, Boxing Helena (1993). Aunque la película fue nominada en el Festival de Sundance, la crítica se cebó con ella, provocando su desplome en taquilla. A pesar de que su ópera prima había trascendido todas estas vicisitudes y alcanzado el status del culto, el varapalo a su trabajo y autoestima la mantuvo alejada de la Industria durante más de una década, tiempo que dedicó a superar su adicción al alcohol, las drogas y las secuelas de un accidente que casi le costó la vida. No fue hasta el año 2008, que estrenó su siguiente largometraje, Surveillance, un thriller policíaco de lo más inquietante protagonizado por Bill Pullman y Julia Ormond. La película ganó el premio a la mejor película en el Festival de Sitges, lo que no sería especialmente relevante, si no fuera porque ese mismo año competía con la obra maestra del vampirismo, Let the right one in (2008). Tras esto, su siguiente película, Hiss (2009), tampoco estuvo exenta de polémica, ya que según apunta Lynch en una entrevista concedida a la St. Louise Magazine, el producto final nada tenía que ver con su versión de la película, ya que ella no había intervenido en las labores de montaje y edición. Por fin llegamos a su cuarto trabajo tras las cámaras, Chained, película con la que inauguramos el Woman in Horror Month y que se estrenó en el Fantasia Festival de Montreal en 2012, tras el cuál, sólo tuvo distribución doméstica.

La película relata la historia de Bob, un asesino en serie que utiliza su trabajo como taxista para secuestrar mujeres que luego tortura y asesina en su casa. Pero cuando rapta a una de sus víctimas y a su hijo de 9 años, decide quedarse con él y utilizarlo como su esclavo personal. El niño, al que renombra Rabbit, crece bajo una férrea disciplina que le obliga entre otras cosas, a limpiar los estragos de los asesinatos que su "progenitor" comete casi a diario. Cuando Rabbit se convierte en un adulto, Bob decide convertirlo en su protegido e instruirle en el arte de matar a mujeres y trasmitirle ese odio profundo hacia ellas. Pero, ¿habrán hecho mella estos 10 años de cautiverio en Rabbit o por el contrario, todavía queda algo de voluntad propia en él? 

Chained no es la típica película sobre un asesino que podríamos ver cualquier domingo por la tarde en televisión más interesada en el sadismo y los asesinatos que en la propia psicología del asesino. Lynch aborda los lazos afectivos que se establecen entre el niño y su captor y las causas que han llevado a este último a convertirse en un monstruo. La historia está contada a través de los ojos de la víctima, un niño inocente que ha sido aislado del mundo y de todo contacto con el exterior, salvo por este progenitor malsano y los pocos minutos que comparte con las víctimas de éste. La mayor parte de los asesinatos ocurren fuera de pantalla porque Rabbit no suele estar presente en el acto en sí, si no que escucha los gritos de las víctimas y luego se encarga de limpiar toda la sangre y enterrar los cuerpos. No penséis que esto lo hace menos aterrador porque sólo imaginar lo que esta pasando, te pone la piel de gallina.





Prácticamente toda la acción en Chained tiene lugar en esta casa en medio de la nada, sucia, desvencijada y con cámaras de tortura y de enterramiento. En este entorno tan sórdido y malsano es en el que Rabbit vive su niñez y desarrolla su adolescencia, provocando que los lazos afectivos entre el asesino y el niño cada vez sean más fuertes. Si en un primer momento, Rabbit se resigna a obedecer a Bob en todas sus estrictas y macabras reglas como mero recurso de supervivencia, pasados los 10 años de cautiverio, se da una especie de síndrome de Estocolmo a la inversa. El asesino empieza a ver al chico como su protegido y desarrolla un especie de rol paternal enfermizo, animándole en sus estudios de anatomía porque quiere que el chico sea un experto asesino a su imagen y semejanza. 

Y, así es como transcurre la mayor parte de la película, con esta relación enfermiza, con Bob trayendo incontables víctimas anónimas a la casa, el único intento de fuga del chico es rápidamente anulado y provoca su encadenamiento. Resulta poco creíble que no aparezca ni un solo policía en la película, ni nadie que se percate de lo que esta pasando, dado el gran numero de álbumes que Bob le obliga a hacer a Rabbit con las noticias de sus asesinatos. Estamos ante lo que parece ser uno de lo asesinos más prolíficos del cine de terror, pero nadie sospecha nada y esto contribuye al que el mundo que hay tras de las puertas de esa espeluznante casa, no se sienta como real.

El desarrollo de Chained es lento y un tanto repetitivo, pero reproduce bastante bien la sensación de incomodidad y desasosiego que trasciende más allá de su visionado. Es de esas películas como The Mist (2007) o Eden Lake (2008), que sin ser tan buena, te deja mal cuerpo y te hacer perder toda esperanza en la humanidad. 

A parte de esta atmósfera malsana, lo mejor de la película son las interpretaciones de sus dos personajes principales. Por su parte, D'Onofrio, imponente con su presencia física, representa a un asesino implacable, brutal, atormentado por los abusos de padre cuando era niño y emocionalmente inestable. Su forma de hablar y de moverse, así como las ideas que le intenta inculcar al chico, denotan cierto tipo de deficiencia que le hacen impredecible. Por su lado, la interpretación de Eamon Farren que representa a Rabbit en su época adulta, es totalmente conmovedora. Su interpretación del chico frágil y sometido durante años, en el que todavía existen pequeños chispazos de rebeldía, a pesar de que vive continuamente aterrorizado y ese punto de desconexión con la realidad que te hace dudar si Bob no le habrá transformado finalmente, me resultó totalmente convincente. 

El mayor problema de Chained llega con el giro de guión que se produce en tu tramo final y del cuál no nos habían dado ninguna pista durante toda la película. El final que parece sacado de un telefilm barato es totalmente abrupto, carente de sentido y eso hace que no funcione. No era necesario estropear el brillante viaje que habíamos hecho siendo lo ojos de la víctima de una asesino letal y atormentado, sólo para sorprendernos y dejarnos con la boca abierta con algo sacado totalmente de la manga y carente de sentido. Es una pena que un final tan desafortunado estropee la sensación general del buen trabajo realizado hasta ese momento, pero así es y me da mucha pena reconocerlo. A pesar de todo, Chained es una película que os recomiendo si queréis pasar un "mal" rato y, ¿quién sabe? a lo mejor a vosotros sí os funciona su torcimiento de culo final.



lunes, 10 de febrero de 2020

UNDERWATER (2020)


La semana pasada fui al estreno de Underwater y aunque en un principio, no tenía pensado traerla al blog porque este mes iba a estar totalmente dedicado al Woman in Horror Month, no quería perder la oportunidad de hablar de una película que contra todo pronóstico, había disfrutado a lo grande. Recabé bastante información sobre ella cuando estuve preparando la crítica para Scanners, el podcast en el que participo habitualmente y las ganas de escribir sobre la cinta dieron alas a mis dedos que escriben estas palabras frenéticamente

Filmada en 2017, Underwater fue la última cinta bajo el sello de la 20th Century Fox, antes de ser comprada por Disney y de ahí, el retraso en su estreno. Para William Eubank, un treintañero con amplia experiencia como director de fotografía, tanto en cortos como largometrajes, ésta es su tercera película como director y la primera respaldado por unos grandes estudios. Los anteriores trabajos de Eubank en la dirección, siempre han estado relacionados con la ciencia ficción. En su ópera prima, Love (2011), que no sólo dirige, sino que también firma el guión, tenemos un drama espacial en el que un joven astronauta pasa años solo, orbitando alrededor de la Tierra tras perder toda comunicación con ésta. Una ralladura introspectiva sobre la soledad bastante soporífera para mi gusto. En su segundo trabajo, The Signal (2014), dónde coescribe el guion junto a su hermano Carlyle y David Frigerio, tenemos un thriller de ciencia ficción en el que tres estudiantes del MIT son arrastrados hasta una casa solitaria persiguiendo a un hacker y tras perder el conocimiento, despiertan en una instalaciones científicas sin saber por qué. Una película con una premisa muy interesante, pero que a medida que avanza, la historia se va desinflando principalmente porque muchos de los enigmas que nos plantea, no tienen explicación.

Eubank no tiene nada que ver con el guion de Underwater que escribe Brian Duffield, el mismo que el de Babysitter (2017), esa comedia de terror dónde descubrimos a Samara Weaving. Y, ¿de qué va esta película? Pues como su propio título indica, nos vamos bajo el agua, exactamente a 7 millas de profundidad en la fosa de las Marianas, dónde se sitúan unas instalaciones científicas. La paz del complejo se ve afectada por un terremoto que colapsa la mayor parte de la estructura y un pequeño grupo de supervivientes tiene que hallar la manera de salir de allí y llegar a la superficie. Algo que a priori, puede parecer muy sencillo, pero que choca contra las dificultades de estar en el fondo del océano: las instalaciones se vienen abajo por las continuas explosiones que ha provocado el terremoto, la presión, la oscuridad, la falta de oxigeno y han perdido toda comunicación con el exterior. Pero como pasaba en dos de mis películas de terror favoritas, The Descent (2005) y The Ruins (2008), el verse atrapados en lugares en los que la escapatoria es muy complicada, va a ser el menor de sus problemas. En el caso de Underwater, no sabemos si bien el terremoto o bien la perforaciones de los científicos, han liberado algo que nunca debía haber sido despertado.

Una relación muy loca que me vino a la cabeza tras ver la película, es que la premisa del desastre es practicante calcada a The Meg (2018). En ese blockbuster, el Megalodón era liberado también en la Fosa de las Marianas tras unas pruebas nucleares en la zona. Así que hay que tener mucho cuidado porque parece que esa fosa es un portal de todos los monstruos y criaturas de nuestras pesadillas.

Volviendo a la película, ésta bebe claramente de películas como Alien (1979) o Abyss (1989), pero no intenta ocultarlo y nos ofrece una película de terror subacuático muy solvente y con claras reminiscencias a la serie B de los años 80 y 90. El ritmo en Underwater es frenético y no deja un minuto para el respiro en esa ardua tarea de encontrar la forma de escapar de ese "ataúd" de acero. Y sí, uno de los puntos fuertes de esta película es la claustrofobia que sentimos en todo momento, tanto en lo estrechos pasillos y angostos recovecos por los que deben introducirse en busca de una salida, como en la inmensidad y oscuridad del océano. 




Una de las flaquezas de Underwater son sus personajes que pecan cómo en la mayor parte de las películas de acción, en no estar muy desarrollados. Tenemos todo un abanico de personajes prototípicos: la chica fuerte, la miedosa e insoportable, el alivio cómico, el capitán decidido y con un punto de locura, el chico valiente y encantador y el tío listo. Se dejan entrever relaciones entre los personajes o historias secundarias que no se desarrollan lo suficiente y quedan un poco cojas. Kristen Stewart está estupenda en su versión de Ripley y, aunque en un primer momento, no estaba muy convencida con la elección de esta actriz a la que le tengo un poco de manía desde Twilight (2008), tengo que reconocer que se ha dejado la piel en este papel. Una mujer fuerte, luchadora e impasible ante la desolación de la situación que tiene que afrontar. A su lado, el carismático Vincent Cassel que con su imponente presencia, ya sabemos que es el capitán y el encargado de salvar a su tripulación. Pero hubo un personaje que me resultó totalmente insoportable y eso que su función era la de alivio cómico, pero sus chistes y chascarrillos no me hacían ninguna gracia. Os estoy hablando del personaje que interpreta T. J Miller, un cómico estadounidense muy conocido en la época en la que se rodó la película, pero actualmente apartado de la industria por sus continuos escándalos.

Pero sin duda, lo mejor de Underwater es su tramo final, dónde descubrimos el terrible mal que ha sido liberado y nos quedamos mitad maravillados, mitad desolados, al saber cuál es la verdadera amenaza a la que se enfrentan los protagonistas. No temáis con que no se vayan a ver muy bien las criaturas porque a pesar de que hay varias escenas en el fondo marino sumidos en la más sobrecogedora oscuridad, va a haber oportunidad de ver al monstruo o monstruos en su totalidad. Sin embargo, como os he dicho, tendréis que esperar hasta sus últimos minutos porque es toda una sorpresa que nadie espera y con la que deseareis levantaros de la butaca y aplaudir muy fuerte. Los efectos especiales de esta parte me parecieron absolutamente increíbles y el diseño de las criaturas os dejará con la boca abierta al reconocer a un viejo conocido del imaginario de nuestras pesadillas literarias

En la película encontramos varias escenas a cámara lenta que embellecen el resultado, pero es un recurso que le gusta demasiado a Eubank y debería de intentar no abusar tanto de él. Aunque la angustia y la claustrofobia del entorno se transmite a la perfección tanto en las instalaciones científicas, como en el océano, también tenemos varios jump scares que aunque predecibles, nunca decepcionan.

En definitiva, Underwater es una película de Terror muy entretenida y disfrutable, que desde el primer minuto no nos deja un minuto de descanso y la angustia que nos va generando la terrible situación de los protagonistas, se ve más que recompensada en su tramo final. Con esto no quiero decir que sea un peliculón porque no lo es, pero nos da lo que le pedimos siempre al cine que nos entretenga y nos haga disfrutar a lo grande. Además de animaros a verla, os recomendaría que en la medida de lo posible, lo hicierais en una sala de cine porque esos efectos especiales y esas criaturas bien merecen verse en pantalla grande.