martes, 28 de febrero de 2017

CHICAS MALAS: GINGER SNAPS (2000)


Creo que ya os había confesado mi pasión por las películas de hombres lobo y sus metamorfosis en pantalla. Pues bien, Ginger Snaps siempre será una de mis favoritas, a pesar de que no se centra en la transformación física de su protagonista, ni cuenta con unos efectos de maquillaje espectaculares. Aquí la importancia radica en el carácter psicológico de la historia y en la analogía que existe entre la licantropía y la entrada en la adolescencia. Nuestra asesina de hoy es Ginger Fitzgerald, una joven de 16 años que, tras ser atacada por un hombre lobo, se convertirá en una bestia incontrolable con un ansia desmedida por aniquilar y despedazar seres vivos.

Esta película canadiense, encumbrada hoy hasta el estatus de culto, cuenta la historia de las hermanas Fitzgerald, Ginger y Brigitte, unas adolescentes marginadas y algo obsesionadas con la muerte. Durante una escapada nocturna para gastarle una broma a una chica, Ginger es atacada por un hombre lobo. Al mismo tiempo que su transformación física y psicológica empieza a producirse y sus ansias por carne humana son incontrolables, su hermana, Brigitte, intentará encontrar una cura para salvarla, mientras intenta ocultar todas sus fechorías.

La película está escrita y dirigida por el canadiense John Fawcett que tras este trabajo se ha dedicado casi exclusivamente al mundo de la televisión. Aquí nos muestra, de una manera muy inteligente, el cambio tanto psicólogo como corporal que se produce en una mujer al iniciar su adolescencia, comporándolo con su transformación en licántropo. Sin embargo, la trama de los hombres/mujeres lobo es simplemente el telón de fondo de lo verdaderamente importante para esta película: la relación entre las hermanas. Al principio, podemos ver lo unidas que están, no les importa ser las raritas del instituto porque se tienen la una a la otra. Sin embargo, después de que Ginger sea mordida se empieza a producir un distanciamiento entre ellas, sus intereses son diferentes y las discusiones son constantes. Este alejamiento podría deberse a que Brigitte sigue siendo todavía una niña y no puede compartir las nuevas inquietudes que se están despertando en el cuerpo de su hermana, representadas de una manera algo salvaje, claro, jejeje.

Las mujeres son las absolutas protagonistas de esta pequeña producción canadiense. El único personaje masculino con algo de relevancia es el camello del instituto que las ayuda a buscar una cura, mientras que el resto no son más que meros instrumentos sexuales o como el padre, que es lo más parecido a una maceta. De hecho, cuando la madre, interpretada por una pedante y divertida Mimi Rogers, descubre los asesinatos de su hija, decide abandonar a su marido y huir con sus hijas para permanecer siempre unidas.



Aparte de tener un guion bastante sólido, Ginger Snaps puede presumir de contar con la gran actuación de sus dos actrices protagonistas. Katharine Isabelle, de nuevo por el blog, interpreta a la perfección el cambio psicológico que experimenta su personaje y como, tras su primera menstruación/ mordisco del licántropo, la chica retraída se convierte en todo un objeto sexual para sus compañeros de instituto, gracias a su cambio de actitud. Su hermana, a la que da vida una inquietante Emely Perkins, hace todo lo posible por encontrar una cura que salve a Ginger, ocultar sus asesinatos y lidiar con un mundo adolescente, que siendo todavía una niña, no termina de comprender.

A pesar de ser una película de terror adolescente, Ginger Snaps no cae en los cliches habituales de este subgénero. Las protagonistas huyen de la popularidad y hacen todo lo posible por no integrarse. Al inicio de la película, tenemos una escena memorable en la que las hermanas están en plena sesión de fotos, representando diferentes formas de suicidio para un trabajo del instituto. Con esto, las jóvenes no sólo intentan incomodar a su profesor y a sus compañeros, si no que ponen de manifiesto su deseo de diferenciarse de la manada. La adolescencia aquí aparece reprentada como un tormento, como una especie de enfermedad que cambia a las personas y que no es nada dulce ni para el propio individuo, ni para las personas que están a su alrededor.

En definitiva, Ginger Snaps es una de las películas de hombres lobos más originales que he visto. Una auntentica delicia para todos aquellos que quieran disfrutar del drama que conlleva abandonar la niñez o convertirse en mujer lobo, pero sin escatimar en sordidez, sangre y gore en ningún momento. Y, como últimamente estoy finiquitando las sagas que tenía pendientes, tengo ganas de averiguar como continua la historia de Ginger en Brigitte en las dos secuelas que surgieron tras esta cinta: Ginger Snaps II: Los malditos (2004) y Ginger Snaps III: El origen (2004).

Creo que esta película supone un gran broche final para cerrar este especial del WiHM. Elegí algunos de los títulos que consideré más representativos y que todavía no habían aparecido en el blog, para mostraros a personajes femeninos fuertes y diabólicos pero que, de alguna manera, consiguen empatizar con el espectador. Me ha sorprendido bastante descubrir que, a pesar de que la mayoría de la gente conoce estas películas, muchos no las habían visto todavía. Todas son auténticas joyas del cine de terror, muy disfrutables y con unos personajes femeninos inolvidables. Y no os preocupéis porque el mes de Febrero esté llegando a su fin, porque seguiré reseñando más películas para la sección de Chicas Malas. Me gusta descubrir nuevos personajes femeninos fuertes en el cine de terror que no sean siempre Final Girls o Screams Queens, porque nosotras también podemos ser las asesinas que atemoricen al personal y digo yo, ¿para cuándo un slasher con una psicokiller enmascarada? 



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